Te vi marcharte sin mirar atrás,
como si el amor fuera un abrigo prestado.
Dejaste el humo, dejaste el jazz,
y una promesa mal pronunciada.
Yo no grité, no pedí perdón,
aprendí a quedarme con mi silencio.
Hay derrotas que suenan mejor
cuando no se explican.
No te guardo rencor,
solo aprendí a respirar sin tu voz.
No me debes nada,
ni una palabra más.
Lo que dolió, ya canta solo
en la mitad de mi paz.
No me debes nada,
ni volver jamás.
Si alguna vez fui tu casa,
hoy soy la luz que se apaga atrás.
Mis manos saben lo que fue amar,
aunque el tiempo cambió la forma.
No todas las heridas sangran,
algunas enseñan a caminar.
Hay noches largas como un bar vacío,
donde el recuerdo pide otra canción.
Yo le sirvo despacio, sin ruido,
y le digo adiós.
No te maldigo, amor,
solo solté lo que no volvió.
No me debes nada,
ni una palabra más.
Lo que dolió, ya canta solo
en la mitad de mi paz.
No me debes nada,
ni volver jamás.
Si alguna vez fui tu casa,
hoy soy la luz que se apaga atrás.
Si preguntas por mí,
diles que sigo aquí…
entera.
No me debes nada…
a veces perderlo todo
es volver a nacer.